
Nos acordamos de cambiar el aceite del motor, los neumáticos o las pastillas de freno. Sin embargo, hay una pregunta que muchos conductores no saben responder: ¿Cuándo se cambió por última vez el líquido de frenos de su coche?
Es un mantenimiento que puede pasar desapercibido porque el vehículo sigue frenando y aparentemente no ocurre nada. Pero el líquido pierde propiedades con el tiempo, y el problema puede aparecer precisamente cuando más necesitamos los frenos.
En IKUSAUTO comprobamos la humedad del líquido de frenos durante nuestras revisiones precompra y peritaciones. Esta comprobación nos ayuda a valorar su estado y a detectar necesidades de mantenimiento que no se aprecian mirando únicamente el nivel del depósito.
El líquido de frenos transmite la presión que generamos al pisar el pedal hasta los mecanismos que frenan las ruedas. Es una parte esencial del circuito hidráulico: de poco sirve tener discos y pastillas en buen estado si el sistema no transmite correctamente esa presión.
Además, contribuye a lubricar y proteger los componentes internos frente a la corrosión.
Para trabajar correctamente debe soportar temperaturas elevadas. Durante una bajada prolongada o varias frenadas intensas, el calor de los frenos puede transmitirse al líquido. Por eso es tan importante que conserve un punto de ebullición adecuado.
Los líquidos habituales de base glicólica, como DOT 3, DOT 4 y DOT 5.1, son higroscópicos. Esto significa que absorben humedad con el paso del tiempo.
Esa humedad puede incorporarse a través de los elementos del circuito sin que exista una fuga visible ni se haya dejado abierto el depósito.
Al aumentar el contenido de agua, disminuye el punto de ebullición. El líquido pierde parte de su capacidad para soportar el calor y puede empezar a hervir antes de lo que debería.
Por eso, un nivel correcto no significa necesariamente que el líquido esté en buenas condiciones. Podemos tener la cantidad adecuada y, aun así, necesitar sustituirlo
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El riesgo más importante aparece cuando el líquido se calienta hasta hervir y se forman burbujas de vapor dentro del circuito.
Estas burbujas se comprimen al pisar el pedal y dificultan la transmisión de presión. El conductor puede notar que el pedal se vuelve esponjoso, aumenta su recorrido y el coche frena menos.
Este fenómeno se conoce como bloqueo por vapor o vapour lock.
Una bajada de montaña, un vehículo cargado o un uso exigente de los frenos pueden hacer que se manifieste un problema que no se había notado durante los trayectos habituales. Que el coche frene bien en una conducción tranquila no demuestra que el líquido conserve sus propiedades frente al calor.
La humedad y el envejecimiento del líquido también pueden favorecer la corrosión y el deterioro de los componentes hidráulicos.
Cambiarlo cuando corresponde ayuda a conservar el sistema y a reducir el riesgo de reparaciones más costosas. Es una operación de mantenimiento relativamente económica para la importancia que tiene.
En muchos coches se cambia cada dos años, aunque el intervalo concreto lo establece el fabricante. Algunos modelos tienen un primer cambio o unos plazos posteriores diferentes, por lo que conviene consultar el plan de mantenimiento.
El tiempo cuenta aunque hagas pocos kilómetros. Un coche que circula poco también puede acumular humedad en el líquido.
Para saber si corresponde sustituirlo, debemos tener en cuenta:
Si has comprado un coche usado y no hay constancia de cuándo se sustituyó, conviene incluir este punto en la revisión inicial. Una factura donde figure el cambio aporta mucha más información que un simple «tiene todas las revisiones hechas».
Durante nuestras revisiones utilizamos un medidor de humedad del líquido de frenos, que permite obtener una lectura orientativa de su contenido de agua.
Los comprobadores electrónicos habituales estiman esa humedad mediante las propiedades eléctricas del líquido. Interpretamos la lectura conforme al equipo y al tipo de fluido, junto con el historial de mantenimiento y el resto de la inspección.
Esta comprobación permite detectar indicios de humedad elevada aunque el depósito tenga un nivel correcto o el líquido no presente un aspecto especialmente oscuro. Una lectura favorable tampoco sustituye el cambio cuando ya corresponde por mantenimiento.
En una revisión precompra, el objetivo es que el comprador conozca también estas necesidades antes de llevarse el coche. El estado de los frenos se valora en conjunto: líquido, discos, pastillas, posibles fugas y funcionamiento.
Como referencia, existen servicios de cambio de líquido de frenos anunciados en España alrededor de los 60 euros. El precio final depende del taller, del vehículo, del producto necesario y del procedimiento de sustitución.
Al pedir presupuesto, comprueba que incluya:
Si aparecen fugas, purgadores deteriorados u otros defectos, resolverlos puede suponer un coste adicional.
Lo importante es que se realice una renovación correcta. Extraer únicamente el contenido del depósito y rellenarlo no equivale a sustituir el líquido de todo el circuito.
Añadir líquido nuevo no elimina el que permanece dentro de las tuberías y los demás componentes.
Además, si el nivel ha bajado, conviene averiguar por qué. Puede estar relacionado con el desgaste de las pastillas, pero también puede existir una pérdida que deba repararse.
No conviene limitarse a rellenar cada vez que baja el nivel sin revisar la causa.
El cambio del líquido debe realizarse siguiendo el procedimiento previsto para el vehículo y dejando el circuito correctamente purgado.
Hay que utilizar un producto que cumpla las especificaciones del fabricante. No basta con elegir cualquiera que ponga «líquido de frenos» en el envase.
Además de la clasificación DOT, pueden existir requisitos de viscosidad y homologaciones concretas, especialmente en vehículos con sistemas ABS y control de estabilidad.
La referencia debe comprobarse en la documentación técnica del modelo. Elegir un número DOT superior por cuenta propia no garantiza que sea la opción adecuada.
Al comprar un coche usado, es habitual fijarse en los kilómetros, la carrocería o el estado de los neumáticos. El mantenimiento de los líquidos también merece atención.
Comprobar el líquido de frenos ayuda a identificar una posible intervención pendiente y a tener una idea más completa de los gastos que habrá que asumir después de la compra.
Que necesite sustituirse no convierte por sí solo al coche en una mala compra. Lo relevante es conocerlo, valorar el resto del sistema y resolver el mantenimiento necesario. La situación cambia si además encontramos fugas, un pedal anómalo o una frenada deficiente.
Una revisión precompra sirve también para detectar estos detalles y evitar que el comprador dé por realizado un mantenimiento que no está acreditado.
Sí, cuando corresponda por tiempo o por su estado. La absorción de humedad no depende únicamente del kilometraje.
El aspecto puede alertar de suciedad o alteraciones, pero un líquido claro también puede contener humedad. Mirarlo no permite conocer su punto de ebullición.
No necesariamente. Son operaciones diferentes. Conviene comprobar qué trabajos aparecen en la factura del taller.
Puede tener distintas causas, como aire en el circuito u otros problemas hidráulicos. Si el pedal cambia de tacto o el coche pierde capacidad de frenado, hay que dejar de utilizarlo y revisar el sistema.
Purgar permite eliminar aire del circuito. Renovar el líquido supone sustituir el fluido usado por uno nuevo y realizar el purgado necesario. Si contratas un cambio, debe renovarse el líquido conforme al procedimiento del vehículo.
En IKUSAUTO realizamos revisiones precompra de vehículos en Navarra, País Vasco, La Rioja y zonas próximas, comprobando su estado y las necesidades de mantenimiento que detectamos durante la inspección.
El líquido de frenos es uno de esos elementos que apenas se ven, pero que conviene tener en cuenta antes de comprar.
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Contacta con IKUSAUTO y revisamos el vehículo antes de que tomes la decisión.
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